Lorena Fernández: “Los estereotipos sexistas de la sociedad se trasladan a las tecnologías”

4 octubre, 2018

 

La experta en tecnologías y directora de Identidad Digital en la Universidad de Deusto, Lorena Fernández, participó el 25 de septiembre en el encuentro europeo Women in Science. En su ponencia habló de los sesgos de género en las nuevas tecnologías y presentó el programa Inspira STEAM.

 

En el sector tecnológico todavía hay muchos más hombres que mujeres, ¿qué supone que las mujeres no participen en el desarrollo de las tecnologías?

Hace que la tecnología esté pensada desde un único punto de vista. Necesitamos equipos diversos, tanto en cuanto a género como en cuanto a raza, clase social… para que diseñen las tecnologías teniendo en cuenta las diferentes perspectivas. Un ejemplo muy claro de esto es el diseño del cinturón de seguridad. En 1949 nació el primer dummie para estudiar las consecuencias de los accidentes de coche, pero hasta 1996 no apareció el primer dummie embarazado.

 

Tal y como explicabas en la charla, los sesgos de género en las tecnologías se trasladan incluso a los algoritmos y al análisis de Big Data, ¿cómo?

Los algoritmos de aprendizaje automático utilizan herramientas informáticas capaces de detectar patrones en los datos analizados y formulan reglas a partir de ellos. Necesitan consumir un gran volumen de información para generar esas reglas, y esas cantidades ingentes de datos están generadas por una sociedad con sesgos. Así que la tecnología fortalece aún más esos sesgos.

 

¿Puedes poner un ejemplo?

Hay muchos. Google Traslate aprende de las traducciones que se hacen en su propia herramienta o procesando publicaciones digitales. Si hacemos traducciones del turco, un lenguaje donde no existe el género gramatical, podemos ver cómo se reproduce la desigualdad. En turco no hay “él” o “ella”, pero si traduces al inglés, aparecen frases como “ella es cocinera”, “él es ingeniero”, “ella es perezosa”, “él es trabajador”, y así sucesivamente. Cuando existen sesgos y prejuicios en nuestro lenguaje ligados al género u a otros, estos se cuelan también en las tecnologías.

 

 

¿De qué forma nos afecta, sin que nos demos cuenta?

A veces, de maneras muy sutiles y difícilmente perceptibles. Por ejemplo, esto tiene reflejo en las promociones laborales. En el mundo analógico, en muchas ocasiones las oportunidades laborales se “cuecen” en espacios informales donde no están las mujeres, ¿pasa lo mismo en el ámbito digital? Hay estudios donde se demuestra que sí, como el realizado por la Universidad Carnegie Mellon Automated Experiments on Ad Privacy Settings. Tras crear mil usuarios ficticios en Google, 50% hombres y 50% mujeres, comprobaron cómo los hombres vieron 1.800 veces un anuncio de una oferta laboral con un salario de más de 200.000 dólares, mientras que las mujeres lo vieron solo 300 veces. Otro ejemplo, recientemente hemos sabido que Facebook está permitiendo que anunciantes de trabajo puedan dirigirse solo a hombres. Un análisis realizado por la agencia ProPublica descubrió que, en el último año, 15 empresas, incluida Uber, han anunciado trabajos en Facebook exclusivamente para un sexo, basándose en estereotipos.

 

El sesgo de género se da ya en la educación, pocas chicas eligen carreras científico tecnológicas, ¿cómo romper con esos estereotipos?

Tenemos una tubería que gotea por tantos sitios que, antes de llegar a la universidad, ya se ha vaciado. Los agujeros son muy diversos. Según un estudio publicado en Science, las niñas con 6 años ya piensan que son menos listas que los niños. También están los estereotipos asociados a las carreras científico tecnológicas y la dificultad por parte de la comunidad científica de elaborar un discurso que conecte con la gente joven. Tenemos que darles referentes, espejos donde las niñas se puedan mirar, y que no sean solo “supermujeres”. Como dijo la astrofísica Jocelyn Bell, además de referentes como Marie Curie, la sociedad necesita modelos cotidianos para generar vocaciones científicas entre las niñas. Hay más agujeros, como los juguetes, las películas, la invisibilidad de las mujeres en los libros de texto y en los medios…

 

Tenéis en marcha el proyecto Inspira, ¿queréis ofrecer a las niñas esos referentes?

Sí. Se trata de que las niñas conozcan mujeres de carne y hueso con quienes puedan hablar y preguntarles no solo sobre ciencia y tecnología, también sobre su día a día. Es la primera vez que se utiliza la técnica del mentoring grupal en un proyecto de fomento de las STEAM entre estudiantes de primaria, con sesiones en horario lectivo. Buscamos inspirar a cada niña para que elija ser lo que quiera ser en libertad. Como diría la astronauta de la NASA Mae Jemison, nunca permitas que la imaginación limitada de los demás te limite.

 

¿Qué cambios estáis viendo en las niñas que participan?

Ganan en confianza, rompen estereotipos sobre profesiones, no solo vinculadas a las STEAM, y nos regalan frases como la siguiente, al finalizar el programa:

 

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