AVS ultima la entrega de equipos para el vehículo robotizado que viajará a Marte en 2021

13 diciembre, 2018
Ell CEO de la compañía, Miguel Ángel Carrera, junto al lehendakari Urkullu.

 

La pyme de Elgoibar, que emplea a 70 ingenieros e ingenieras, continúa dando pasos firmes para posicionarse en el llamado ‘new Space’

 

Added Value Solutions (AVS) es una compañía de Elgoibar con una trayectoria en proyectos espaciales extraordinaria debido a su altísimo valor tecnológico. En estos momentos emplea a 70 ingenieros e ingenieras y cuenta con una filial en Oxford (Reino Unido) donde, fundamentalmente, diseñan y fabrican propulsores espaciales. No es ésta, sin embargo, su única actividad. También en el ámbito del llamado ‘new Space’ (nuevo Espacio), esta pyme guipuzcoana está diseñando sistemas críticos para los satélites que están orbitando alrededor de la Tierra, un reto fascinante que detalla el CEO de la compañía, Miguel Ángel Carrera.

 

¿Con qué objetivo desarrollan este tipo de sistemas?

Diría que el reto es triple. Ayudar a esos satélites en su mantenimiento, ayudarles en caso de reparación y ayudarles a desorbitar, es decir, provocar un cambio en su rumbo para que acaben desintegrándose en la atmósfera una vez que ya han cumplido su ciclo vital y son considerados peligrosa basura espacial… Un proyecto friki, como irónicamente solemos decir, para entornos realmente complicados.

 

Haciendo un símil espacial, van ustedes como un cohete…

Al menos lo intentamos después de doce años en la brecha. Es cierto que hay un mercado nuevo en torno a la figura de los satélites que llevan ya un tiempo en el Espacio y nos queremos posicionar, bien alargando su vida útil o haciéndolos desorbitar. En cualquier caso, para este tipo de operaciones hacen falta unos sistemas críticos que se llaman de amarre y fijación, que básicamente son mecanismos robóticos que atrapan primero y sujetan después al satélite en cuestión para llevar a cabo la función que toque. Son una especie de socorrista para satélites (risas).

 

¿De qué envergadura estamos hablando?

El proyecto en el que estamos trabajando estos momentos es para un satélite de observación bastante grande que se llama ENVISAT, que lleva cerca de seis años sin estar operativo y pulula por el Espacio sin ningún sentido. No aporta realmente nada y se está valorando el lanzamiento de una misión para desorbitarlo. Mide del orden de 22 metros de longitud y comienza a ser una amenaza en el sentido de que si choca contra algo más grande se puede produce una peligrosa atomización. El objetivo, por tanto, será capturarlo y enfilar su rumbo hacia la desintegración.

 

¿Cuál es el fin de los propulsores espaciales que construyen en Oxford?

Dado que la aventura espacial es cada vez más habitual y de que ya no estamos hablando de satélites tan grandes como antes sino que hay un mercado nuevo en el que predominan los satélites más pequeños que tienen unas necesidades de propulsión muy específicas para salir a órbita, es ahí donde nos queremos posicionar.

 

¿Por qué tanto auge por el llamado ‘new Space’?

Porque el interés y la utilidad del Espacio está siendo cada vez mayor, no solamente en el ámbito más convencional sino en todo lo que tenga que ver con la observación de la Tierra, que empieza tener un mercado específico no ya solo para vigilar fronteras sino también para controlar incendios, encontrar bancos de pesca, analizar la calidad del aire en las ciudades… Se pueden vigilar muchísimas cosas que tienen su negocio aquí en la Tierra gracias a que la propia tecnología también se ha ‘democratizado’, es decir, se han podido mandar satélites más pequeños y a un coste más eficiente.

 

¿La NASA sigue siendo la NASA, es decir, el gran ‘player’ del negocio espacial?

Sin duda… A pesar de la gran competencia que existe actualmente, cuenta con una clave que es fundamental en la carrera espacial, y es la experiencia.

 

¿Mantienen relación con esta Agencia?

Si, por fortuna sí. Llevamos ya años trabajando a su lado y hablando con ellos un par de veces por semana, entre otras cosas porque estamos pendientes de cerrar nuestra participación en el proyecto para enviar un rober –un vehículo robotizado- a Marte.

 

¿Cuándo?

Si todo transcurre según lo esperado, en marzo del año que viene entregaremos nuestro equipo a la espera de que en el verano de 2020 lo lancen a Marte. El Rover lleva una serie de elementos científicos bastante sofisticados y nosotros hemos participado en dos de ellos, de modo que espero que en 2021 podamos ver cómo estos mecanismos se desplegan y funcionan. Como el vehículo lleva cámaras (un total de 23 que permitirán tomar imágenes por primera vez en color y en 3D), supongo que lo veremos. ¿Algo increíble teniendo en cuenta que el viaje hasta allí durará algo menos de un año, no?

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