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5 junio, 2020
Más de 50.000 raciones de comida repartidas en Euskadi, la cara más social de Orona

‘Jakioro’ es una iniciativa impulsada por esta cooperativa y la Fundación Hazi que transforma el excedente agrario de los caseríos vascos en platos preparados para las personas más necesitadas

 

Industria y Sociedad. Empresa y Sostenibilidad. Bajo estos parámetros se mueve desde sus orígenes la cooperativa vasca Orona, un referente incontestable en Europa en el sector de la elevación vertical que estos días de pandemia, incertidumbre y necesidad ha acelerado su vertiente más social. Desde su espectacular sede con forma ovoide de Hernani (el complejo es conocido como Orona Ideo), esta firma está protagonizando una iniciativa bautizada como ‘Jakioro’, cuya razón de ser son los productos locales de caserío, productos que antes de tener que ser desperdiciados como consecuencia de la caída del canal horeca (hoteles, restaurantes, bares, cafeterías…), la Fundación Orona, de la mano del Gobierno Vasco y HAZI, recogen, cocinan y transforman en platos preparados para las personas más necesitadas. Desde que comenzó la crisis, recuerda Peio Garciandia, director de Comunicación Externa y Relaciones Institucionales de Orona, han sido casi 50.000 las unidades que se han podido distribuir por todo Euskadi.

 

 ¿Cuándo comenzó esta iniciativa?

 

A mediados de marzo, en el momento más álgido de la crisis socio sanitaria que estamos viviendo. La Fundación Orona y la Fundación Hazi entendimos pronto que teníamos que buscar una solución que ayudara a los más desfavorecidos y de paso también a todo ese excedente del agro vasco que como consecuencia de la crisis corría el peligro de perderse.  Para evitar el despilfarro de toda esa materia prima, el proyecto lo que está haciendo es recepcionarlo, tratarlo y procesarlo con todas las garantías necesarias, para finalmente entregarlo a los más desfavorecidos.

 

¿Cómo es ese proceso desde que se recibe esa materia prima hasta que se distribuye entre los colectivos más vulnerables?

 

La Fundación Hazi, que depende del departamento de Agricultura del Gobierno Vasco, digamos que asume las labores de coordinación y logística. Es ella quien se hace cargo de los excedentes de producción de los caseríos y nos los trae dos veces por semana hasta la Fundación todos los alimentos de temporada siguiendo nuestro modelo alimentario, que está basado en el concepto de Km0 y que a nivel interno llamamos Diámetro 200 (calabacines, lechugas, berza, alubia pinta, garbanzos…). Y con toda esa cesta ya en nuestras instalaciones -cabe recordar que Orona cuenta con dos cantinas y sus respectivas cocinas y cocineros que cada día dan de comer a 600 trabajadores de la cooperativa-, lo que hacemos es procesarlos y convertirlos en platos preparados de manera individual en unos táperes compostables y ultrasellados a razón de casi 2.000 raciones diarias que finalmente se distribuyen por Euskadi. En este caso, de la mano de Cruz Roja con la participación de personal voluntario de la iniciativa Guztion Artean.

 

¿De qué consta el menú?

 

Pues suele estar basado en tres platos, en función de los productos de temporada. Hablamos de purés de verdura, legumbres, garbanzos, crema de verduras, estofado o postres como bizcocho de kiwi y manzana. Procuramos que sea variado. Los ingredientes son de Eusko Label o Euskal Baserri, aportados gracias a la participación de cooperativas y empresas como Barrenetxe, Garaia, Garlan, Udapa-Paturpat, Alberro, Karabeleko y Lurrarte. Como digo, una vez recepcionados los excedentes, los elaboramos en nuestras instalaciones de Diamétro 200, que están ubicadas en el Parque Científico y Tecnológico de Gipuzkoa. El nombre tiene que ver con el uso que hacemos a diario de los productos locales, de temporada y a ser posible de origen ecológico, que se cultiven a menos de 200 kilómetros de nuestra sede de Hernani. Y de velar porque esto se cumpla se encarga nuestro cocinero, Federico Pacha, formado en la escuela de cocina de Luis Irizar, que es quien coordina el proyecto.

 

¿’Jakinoro’ tiene fecha de caducidad?

 

Lamentablemente me da la sensación de que todavía vamos a tener una temporada larga de actividad. Ya llevamos más de 45.000 raciones repartidas pero me atrevería a decir que vamos a llegar, como poco, a las 100.000, pues aunque parece que la situación ha mejorado algo, todavía existe mucha necesidad social y muchos colectivos desfavorecidos en Euskadi. Nadie puede quedar atrás.

 

Todo este impulso social, que entendemos que no es flor de un día, entronca directamente con la filosofía de la cooperativa, con esa apuesta por el ecodiseño, la economía circular y la sostenibilidad…

 

Tiene mucho que ver, exacto, porque lo que estamos fomentando con este tipo de iniciativas es impulsar una economía circular social. Y en este caso, el proyecto ‘Jakinoro’ es un ejemplo de economía circular precioso, un proyecto muy coherente con nuestros principios como cooperativa. En su día, Orona fue la primera empresa del mundo de su sector que se acreditó con el certificado de ecodiseño, y eso es precisamente lo que hemos trasladado después al resto de iniciativas de la empresa. La misión de Orona Fundazioa, en coherencia con el proyecto socio-empresarial de la cooperativa, tiene una doble vertiente (futuro y entorno). La misión intramuros consiste en favorecer e impulsar el desarrollo de las personas, mientras que la misión extramuros busca el desarrollo de su entorno, en términos socio-económicos, culturales y sociales.

 

En la parte más industrial de la compañía, ¿cómo les está influyendo la actual crisis?

 

La actividad de Orona, afortunadamente, la hemos mantenido muy viva.  Toda la parte industrial ha estado prácticamente activa durante las últimas semanas. Asimismo, conservamos y damos servicio a más de miles de aparatos, entre ellos aquellos instalados en las más de 2.000 instalaciones hospitalarias y residencias esenciales en todo el Estado, así que el esfuerzo que hemos tenido que hacer para garantizar que todos esos ascensores estuvieran activos y en perfecto estado de funcionamiento durante las etapas más duras del coronavirus ha sido muy grande. Pero ha merecido la pena, pues ha sido, como digo, un compromiso compartido por parte de toda nuestra gente, empezando por el colectivo de conservadores, que han estado al pie del cañón, en primera línea, hasta todas aquellas personas trabajadoras que han contribuido a que nuestro proyecto haya estado más activo que nunca. Mi reconocimiento y gratitud desde aquí a todas ellas.

 

¿Cuál es la dimensión empresarial a día de hoy de Orona?

 

A pesar de nuestro tamaño, somos la empresa con la mayor capacidad productiva de ascensores completos en Europa, productos 100% Basque Country con una proyección internacional enorme. Nuestra cifra de negocio en 2019 fue de 801 millones de Euros.

Sorprende comprobar que uno de cada diez ascensores que se venden en Europa en estos momentos lleva su marca…

Sorprende pero es cierto. Después de los Big Four, somos el quinto fabricante europeo, con una plantilla de 5.400 personas y casi 20.000 elevadores fabricados el año pasado en Euskadi. Tenemos medio centenar de delegaciones en el Estado y estamos presentes de forma integral en 12 países de Europa, y exportamos a más de cien en todo el mundo.

¿A qué aspiran en el corto plazo?

Seguiremos la hoja de ruta marcada en la estrategia Orona UE, en la que aspiramos a estar presentes en más de 14 países, alcanzar los 8.000 empleados y una cifra de negocio  próxima a los 1.200 millones de euros en 2022. Aspiramos, en definitiva, a consolidarnos como el único operador de elevación europeo capaz de competir con las cuatro compañías multinacionales de ámbito global y extender nuestros valores como experiencia cooperativa a nivel europeo.

Con semejante fotografía, ¿cómo se explica que a día de hoy ninguno de esos cuatro ‘grandes’ no haya tenido intenciones de absorción o fusión hacia ustedes?

 

Quizá se explique por nuestro modelo socio-empresarial, que lo que tiene es precisamente esa componente de enraizamiento con el territorio en el que estamos y con la sociedad a la que servimos. Y precisamente por eso, por ese nivel de compromiso y peculiaridad, es por lo que somos un proyecto socio-empresarial único

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