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15 mayo, 2020
Entrevista con Antón Pradera, presidente de CIE Automotive

CIE Automotive es uno de los nombres propios de la industria vasca
Antón Pradera, presidente de CIE Automotive

Defiende un aumento de la deuda pública para ayudar a las rentas más desfavorecidas por la crisis y pide que el consumo se incentive a partir de una expectativa lógica y racional

 

CIE Automotive es uno de los nombres propios de la industria vasca. Dedicado a la fabricación de componentes para el sector de la automoción, su actividad da empleo a más de 30.000 personas en las casi 100 fábricas que tiene repartidas en todo el mundo. Su apuesta por la ultradiversificación geográfica y de producto le sitúa en estos momentos de crisis en el sector como una suerte de oasis (ha sumado recientemente su vigesimoquinto trimestre consecutivo al alza, aunque con unos incrementos mínimos del negocio) dentro de una tormenta perfecta que en países como China o Estados Unidos comienza a dar síntomas de recuperación. El presidente de este grupo vasco, Antón Pradera, insiste en una entrevista concedida al Grupo SPRI en la necesidad de llevar a cabo una política económica inteligente para que la recuperación sea más rápida y eficiente.

 

¿Qué valoración hace del escenario actual?

Decir que el momento es bueno es imposible. Estamos en un momento muy malo pero creo que tiene una cosa buena y es que tenemos que pensar que puede durar poco si lo hacemos bien. Es un tema de trabajarlo con criterio y hacerlo todos juntos, aportando todos en la misma dirección. Si así fuese, hasta podríamos llegar a comparar en un escenario a medio plazo toda esta situación empresarial y económica como un sueño malo. Otra cosa bien distinta es el durísimo escenario humano, donde ya solo podemos acompañar a toda la gente que ha sufrido la crudeza de la pandemia con la pérdida traumática de algún familiar o amigo. Pero desde el punto de vista económico creo que tenemos la oportunidad de volver.

 

¿Cómo?

Creo que la palabra mágica en todo este escenario es volver al punto de partida y se puede, creo que sí se puede con una política económica claramente orientada a que se tenga en cuenta realmente cuáles son los problemas de esta crisis, que puede ser corta. Si es así, sufriremos menos.

 

¿Hay algo que le asusta de todo lo que está viendo?

El problema es que no podemos dejar que esta crisis nos llene de miedo y nos paralice. A mí me asusta cuando veo y analizo todos esos estudios que nos comparan con la crisis de 2008 y que nos ha llevado a estar casi una década sufriéndola. Me parece terrible porque lo nuestro ahora tiene que ser algo de volver rápido y de proponérnoslo todos, pero claro, lo primero que hace falta es convencernos a nosotros mismos de que esta circunstancia es algo temporal y que podemos volver.

 

Cuando dice que hace falta una política económica inteligente para que la recuperación sea más rápida, ¿a qué se refiere?

Creo que lo primero que tenemos que conseguir es que todas esas rentas que una parte de la población no ha generado porque no ha podido producir, y de las cuales se hacen cargo las administraciones públicas, que las tengan. Y esto sabemos que significa más deuda para la administración pero yo creo que es mucho mejor tener más deuda en las administraciones públicas a tener a la gente en su día a día con muchos problemas. Si estamos hablando de un periodo corto, creo que esas rentas efectivamente nos pueden generar un incremento importante de la deuda pública pero para eso estamos en Europa, en una zona económica donde los tipos de interés son muy bajos y donde la nueva deuda no va a ser una carga horrible.

 

De modo que vislumbra una situación mejor que la de 2008…

La gran diferencia con respecto a la última crisis es que entonces no había forma de colocar la deuda y la que se colocaba se hacía a unos niveles muy altos (7%…). Ahora estamos hablando de un escenario donde se está colocando por debajo del 1% y en el corto plazo en tipos negativos. Y todo esto, pienso, es lo bueno de la Unión Europea, por eso creo que lo que tenemos que hacer en estos momentos es centrarnos en todo lo bueno que tiene esta situación de partida, en todas sus cosas buenas. No estamos en la crisis de 2008 y no estamos en una región económica como la de entonces que tenía un déficit en cuenta corriente de 100.000 millones. Eso significaba que pedíamos cada año 100.000 millones de euros al mundo para poder seguir con nuestro consumo, pero ahora no, ahora estamos con superávit en la balanza corriente, lo cual quiere decir que como país ya estamos ahorrando más de lo que invertimos. Es una situación absolutamente distinta.

 

¿No está generando un escenario cargado con un exceso de optimismo?

Pienso que no y que esto además tiene que ver con otra clave que considero importante en estos momentos, y es que hay que consumir. Hay que volver al mundo normal, necesitamos que la gente consuma, necesitamos demanda de todo tipo de productos. El problema que tenemos en economía siempre es que hay un activo, un intangible, que se llama expectativa, y claro, si nos colocamos en una expectativa absurda marcada por un pesimismo enfermizo y contagioso de que todo está fatal, que es cierto, y de que va a ir a peor, pues así es muy difícil avanzar. Tenemos que tener una expectativa lógica y racional de salida, y además teniendo en cuenta que estamos en una situación muy normal, muy europea, donde el tipo de solución de la que estamos hablando es el tipo de solución que están aplicando todos los países de Europa, incluido Alemania.

 

¿Que no estemos sometidos como antaño a la dependencia del ladrillo refuerza su mensaje?

Sin duda. El hecho de no estar sometidos al peso del ladrillo que teníamos en la anterior crisis, creo que también puede influir de cara a poder salir de una forma un poco más optimista. No estamos con un sector constructor e inmobiliario que suponga el 17% del PIB español como sí ocurría en 2008, sino que estamos con una actividad muy normalita y muy poco dependiente. Por lo tanto, insisto, creo que hay muchísimos factores positivos a los que nos podemos agarrar para poder salir de esta situación de una forma más rápida y eficaz.

 

En líneas generales, toda la ciudadanía está demostrando un compromiso social indudable frente al Covid-19, sin embargo la clase política responsable de liderar esta crisis está demostrando una falta de unidad y sintonía que no parece de recibo. ¿Qué opina del actual clima de crispación que se vive en el Gobierno?

Al comienzo de la crisis, un artículo del Financial Times ya advertía que España lo iba a pasar muy mal por la falta de unidad política. Y se está viendo. Lo ideal ante una crisis de tal magnitud es que estemos todos juntos, unidos hacia una misma dirección y apoyando al que le toca liderar el país en ese momento. Sea quien sea. Por eso es una pena lo que estamos viendo porque estoy seguro de que podríamos avanzar de otra manera si toda la clase política asumiera un compromiso total más allá de sus siglas.

 

¿Se imagina usted al frente de una situación parecida?

No, no, para nada. Gestionar una crisis de la que no hay precedentes es algo tremendamente difícil, y lo sé por propia experiencia. Por eso me asombra cuando escucho muchas veces criticar con tanta libertad a un político u otro que tiene que liderar una situación como ésta. Pienso y me pregunto: “¿Toda esa gente conoce verdaderamente lo difícil que es gestionar algo tan desconocido como lo que nos está ocurriendo, algo sin paragón que además cambia de una semana para otra a un nivel extraordinario?”. Dese cuenta que al igual que a nosotros los empresarios nos llega cada día un montón de información, datos, pronósticos  y análisis distintos y contradictorios, lo mismo les está ocurriendo a los representantes públicos. Por eso creo que deberíamos demostrar todos un poco más de generosidad.

 

Cómo presidente de un grupo de referencia en el sector de la automoción, uno de los más castigados por la pandemia, ¿cree que van a ser los próximos meses un buen momento para el automóvil?

Todos los estudios advierten que en el medio-largo plazo el sector puede resultar beneficiado de toda esta situación por dos razones. La primera, por el propio concepto de movimiento y libertad, algo que estamos experimentando ahora mismo aislados en nuestras casas; y la segunda, por seguridad, es decir, la gente se siente segura en su casa, se siente segura con su familia y se siente segura en su coche. Ahora bien, llevado esto al extremo, podemos concluir que estamos haciendo cosas realmente absurdas como en Estados Unidos donde están organizando entierros o misas para asistir desde el coche para evitar los contagios.

 

China, que ya ha concluido su cuarentena, y Estados Unidos, que está previsto que lo haga en breve, ¿van a continuar siendo las ‘locomotoras’ del sector?

Los análisis que manejamos en este sentido respecto a China están diciéndonos que la demanda está creciendo. Que los ciudadanos que no tienen coche todavía, y que en el caso de China pueden ser de entre tres y cuatro personas de cada diez, pues un porcentaje muy alto quiere adquirir un vehículo en los próximos seis meses. Si al comienzo de toda esta crisis su producción bajó un 80 %, al mes siguiente el mercado ya caía un poco menos (50%) y al siguiente, y estamos hablando del mes de abril, el total de vehículos que se han vendido supera a los del mismo mes del año pasado, es decir, estamos hablando de que la recuperación está ahí.

 

¿Y Estados Unidos?

En Estados Unidos la producción está cerrada prácticamente desde el pasado 15 de marzo y va abrir en breve, es decir, ha estado prácticamente dos meses fuera de circulación. Pues es muy curioso que con la mayoría de los concesionarios cerrados, este país en ningún momento ha dejado de vender. Su decremento máximo ha sido del 55-60%, pero es que en la primera semana de mayo ha vendido el 80 % de los coches de una temporada normal. ¡En mayo y con todo cerrado! El día que se recupere la normalidad seguro que veremos un mundo distinto.

 

¿Sin Trump en la presidencia?

De momento el conflicto de los aranceles que mantiene con China no nos afecta nada y me atrevería a decir que al sector tampoco, pues China no exporta coches, sino que es Estados Unidos el que lo hace a China. Por eso el problema vendría en el momento en que el presidente Trump se percatase de que sí es un gran exportador de coches a Europa. Entonces veríamos cómo nos iba a afectar.

 

En ese nuevo mundo que ha descrito está previsto que India vaya a jugar un papel determinante, al menos para el sector del automóvil. En esta línea han puesto en marcha un plan estratégico específico para los próximos años. ¿Basado en qué?

De la India esperamos 20 años buenos, como los tiene China. De ahí el nuevo plan estratégico 2020-2025 que hemos bautizado como ‘Crecimiento ambicioso’ porque quiere decir algo.  Nos gusta India porque es una gran democracia, con seguridad jurídica, donde se puede y se debe estar.

 

Siempre que puede advierte: “Euskadi necesita ganar músculo y dimensión”. Siendo esto así, resulta preocupante la pérdida de control que en los últimos meses han sufrido compañías de gran arraigo como Gamesa y Euskaltel…

Me reafirmo en lo que dije y sigo diciendo. Este país necesitaría unas cien multinacionales que facturen más de cien millones de euros. Entonces sí podríamos avanzar por el mundo sin problema. Tenemos que tener grandes compañías y estar en toda la geografía. Hoy el centro del mundo, sin ir más lejos, es el estrecho de Malaca, por donde salen todas las mercancías de China.

 

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