La imparable extensión de la impresión 3D

5 marzo, 2019
Un momento de la jornada,

 

Una jornada organizada por el Grupo SPRI muestra el desarrollo de esta tecnología, que ya está pasando desde la industria al comercio o la enseñanza

“Cuando vamos a adquirir una impresora, la pregunta no es qué impresora queremos sino qué proceso queremos mejorar en la empresa”, asegura la experta Aitziber Eizaguirre

 

La impresión 3D es una tecnología que se creó en 1986, aunque su desarrollo se sitúa en 2006, cuando expiraron las patentes de las dos multinacionales que las idearon. “Se pone de moda, al tener más acceso a esa tecnología, y se  fundan una gran cantidad de empresas de impresión 3D”, ha explicado Aitziber Eizaguirre, de la empresa vasca Tumaker (dedicada a la fabricación de impresoras 3D), en una jornada organizada por el Grupo SPRI que se ha celebrado este martes en el Parque Científico y Tecnológico de Gipuzkoa.

 

Eizaguirre ha revelado que  2012 fue el año de máximo auge en EE UU y en los siguientes años este boom de la impresión 3D llega a Europa. Ha señalado que hoy en día existen infinidad de tecnologías y materiales diferentes, como polímeros, composites o metales.

 

La experta ha comentado que las llamadas FDM (que se dedican a fundir plástico) son las impresoras 3D más utilizadas, con costes que van desde los 1.000 a 15.000 euros. “Cuando vamos a adquirir una impresora, la pregunta no es qué impresora queremos sino qué proceso queremos mejorar en la empresa”. Y ha apuntado que no es necesario ser expertos en impresión 3D para impulsar esta tecnología, “ya que hay asesorías y empresas que pueden ayudar”.

 

Aitziber Eizaguirre ha incidido en que “no existe la impresora que lo hace todo” aunque algunas pueden realizar tareas diferentes. “La recomendación es comprar para una finalidad concreta”.

 

Prototipos, la aplicación más usada

Los materiales más usados son el PLA, “de los más baratos y ecológico” aunque el problema es que, “al ser biodegradable, se degrada más si se usa en la intemperie”. El ABS, ha añadido, es uno de los materiales más usados en inyección pero “no es necesariamente el más adecuado para impresión 3D. Es muy bueno para impresoras totalmente cerradas”.

 

Ha rechazado obsesionarse con un material. “No se puede exigir a la impresión 3D las mismas características que la inyección: las copias impresas son una capa encima de la otra y siempre va a tener menos resistencia mecánica”.

 

La aplicación más habitual de la impresión 3D es para prototipos, “que es para lo que nació esta tecnología en 1986” y se usa mucho en compañías de embalajes para testar la geometría y el volumen de lo que se ha diseñado. “Evita fallos que pueden salir muy caros. Y que el diseñador tenga una herramienta cerca para probar su trabajo es muy ágil para hacer cambios y te da una gran seguridad”.

 

Otra aplicación son los utillajes como, para el montaje de sillas o de antenas o como forma de verificar las piezas que se montan en un tren. “Al final todo es para solucionar problemas en la producción”.

 

Además de en la industria, Eizaguirre ha señalado que las impresoras 3D llegan al comercio, con costes asumibles, por debajo de los 1.000 euros, e incluso a la enseñanza. “Por ejemplo en educación había impresoras industriales. Ahora se está dando un salto y son tan sencillas para que puedan ser usadas por niños de entre 7 y 18 años”.

 

Sobre el futuro, la experta ha citado la impresión en metal, “que es una realidad bastante cercana. Todavía son máquinas grandes para hacer piezas pequeñas. Hasta hace poco valían 150.000 euros y ahora ya hay por 75.000 euros”. Y, las impresoras 3D especializadas, “para el sector médico, de cerámicas… para llegar a sitios donde las tecnologías existentes no lleguen”, o las de pellets.

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