Acero, mar y megavatios: Haizea Wind, la fábrica vasca que mueve Europa
Nacida en 2017 en Zierbena (Bizkaia), Haizea Wind Group se ha convertido en uno de los fabricantes de referencia en Europa de grandes componentes para la industria eólica, con especial protagonismo en el segmento offshore. Con plantas productivas en Álava, Gipuzkoa y Bizkaia, una plantilla de 1.500 personas y una facturación que supera los 400 millones de euros, la empresa afronta con ambición la transición energética global. Su CEO, Borja Zárraga, analizó recientemente la situación del sector y los retos de la compañía en el programa Made in Basque Country de Radio Euskadi
Haizea Wind es una empresa relativamente joven, fundada en 2017, pero con un crecimiento muy notable. ¿Cómo definiría el ADN industrial de la compañía y qué ha impulsado ese desarrollo tan acelerado?
La energía eólica se ha convertido en los últimos años en una parte indispensable de la matriz energética de Europa. Es cierto que durante los últimos dos años se ha ralentizado algo, porque Estados Unidos ha frenado el desarrollo de la eólica y, como consecuencia, algunos inversores en Europa han retrasado ciertas decisiones. Pero dentro de ese contexto, creemos que el futuro sigue siendo espectacular. Europa necesita prácticamente duplicar su capacidad de generación energética. La transición energética y la electrificación de la sociedad son algo incuestionable. Podremos debatir si el ritmo será más rápido o algo más lento, pero el cambio va a llegar. Y en ese escenario, la energía eólica es clave. Ahí es donde nos hemos posicionado como una de las fábricas de referencia en Europa en grandes componentes eólicos.
Para quienes no conocen en detalle su actividad, ¿podría explicar en qué consisten exactamente esos grandes componentes que fabrican?
Tenemos tres líneas de negocio fundamentales. La primera son las torres terrestres: cualquier aerogenerador se compone de una torre o fuste —una columna de aproximadamente 100 metros de altura—, una góndola en la parte superior donde se aloja el generador, y tres palas. En el caso de las instalaciones marinas, se añade la cimentación submarina. Se trata de grandes cilindros metálicos, los llamados monopilotes, que se hincan en el fondo marino y sirven de soporte al aerogenerador. Para dar una referencia de escala: una torre marina puede alcanzar los 100 metros de altura y 8 metros de diámetro, pero los monopilotes llegan a tener entre 11 y 12 metros de diámetro y a pesar entre 1.600 y 1.800 toneladas cada uno. La tercera línea son las grandes piezas de fundición —bastidores, ejes— que forman parte de esa góndola. Las fundimos en nuestra planta de Agurain, las mecanizamos y pintamos en Itziar, y desde los puertos de Pasaia o Zierbena las embarcamos hacia el cliente final.
¿Es el segmento offshore —la eólica marina— donde Haizea Wind tiene un mayor posicionamiento y donde concentra sus principales expectativas de crecimiento?
Totalmente. El negocio onshore, el terrestre, vive una cierta estabilidad, pero es la eólica marina la que está experimentando un crecimiento más potente, y ese crecimiento se va a intensificar en los próximos años. Es ahí donde nos hemos posicionado como un referente en Europa. La lógica es también logística, pues las torres marinas son tan grandes que la materia prima nos llega por barco y el producto acabado sale igualmente por vía marítima. En ocasiones es posible verlos desde Punta Galea cuando los barcos zarpan con nuestra carga.
El sector parece avanzar hacia aerogeneradores cada vez más grandes y potentes. ¿Existe algún límite tecnológico en ese proceso de crecimiento?
Es una pregunta muy pertinente. Si esa misma cuestión se le hubiera planteado a los especialistas del sector hace 20 años, habrían respondido que el aerogenerador más grande posible era de 3 o 4 megavatios. Hoy se están instalando molinos de 15 megavatios de forma comercial. Y Siemens Gamesa ya ha desarrollado y ha instalado en un prototipo en Dinamarca un aerogenerador de 21 megavatios, que podría comercializarse de forma masiva en los próximos tres o cuatro años. Las barreras tecnológicas se siguen derribando. Estoy convencido de que el crecimiento continuará, aunque no pueda precisar cuándo ni hasta dónde.
¿Cuál es la situación actual de la cartera de pedidos que maneja y qué amenazas identifica en el horizonte del sector?
La buena noticia, sin triunfalismos, es que tenemos carga de trabajo asegurada en nuestra planta de Zierbena para los próximos dos años. Los contratos van llegando de forma recurrente y eso nos permite operar con cierta estabilidad. Dicho esto, hay amenazas que no podemos ignorar. La competencia que llega desde China es feroz y, me atrevería a decir, desleal: operan con subsidios estatales que en Europa no están permitidos. Es una amenaza real para todo el ecosistema industrial del sector. Confío en que Europa sepa reaccionar y entienda que la independencia energética pasa también por garantizar la autonomía industrial. Euskadi está muy bien posicionada en ese sentido: existe un ecosistema de empresas vinculadas al mundo eólico muy potente, y que merece ser cuidado y apoyado.