VibroTech impulsa su crecimiento internacional con su implantación en Estados Unidos
Desde Errenteria, VibroTech diseña y fabrica maquinaria vibratoria a medida para algunos de los sectores industriales más exigentes, como la fundición, la minería, el reciclaje o la industria pesada. Con una marcada vocación internacional y gran parte de su producción destinada a la exportación, la empresa ha dado recientemente un paso decisivo en su crecimiento con su implantación en el mercado estadounidense. En esta nueva ventana que representa Made in Basque Country, charlamos con su fundador y director, Mikel Gordaliza, sobre la evolución de la compañía, los retos de la industria y cómo una pyme vasca puede competir de tú a tú en los mercados globales.
¿Cómo nace VibroTech?
Nacimos en octubre de 2012 y desde entonces llevamos operando en mercados internacionales. Antes de esto tuve una primera experiencia profesional de más de una década, donde aprendí muchísimo, tanto a nivel técnico como comercial, trabajando en distintos países. Aquel proyecto terminó por una situación económica muy complicada, en plena crisis en Europa. En ese contexto, y a pesar de la incertidumbre, decidí dar el paso y emprender. Siempre había querido crear mi propia empresa, con una clara vocación internacional. Evidentemente, empezar desde cero no fue fácil: había dudas sobre cómo nos aceptaría el mercado, aunque contábamos con experiencia y conocimiento. Pero con mucho trabajo, dedicación y sacrificio, fuimos avanzando poco a poco.
Hoy la sede de la empresa está en Errenteria, pero también tenéis presencia, reciente, en Estados Unidos…
Sí, en concreto en Dayton, Ohio. A finales de 2024 constituimos VibroTech Engineering USA. Llevábamos más de dos años viajando todos los meses a Estados Unidos buscando un socio local, algo clave para trabajar allí. Finalmente dimos con la persona adecuada y decidimos crear una empresa conjunta con sede en Ohio.
Su actividad está muy especializada: la maquinaria vibratoria industrial. Para quien no esté familiarizado con esta tecnología, ¿cómo se la podríamos explicar?
No es fácil si no has trabajado en el entorno industrial, porque no es algo que se estudie como tal, pero básicamente nos dedicamos al manejo y transporte de materiales mediante vibración. Es parecido a las cintas que mueven las maletas en un aeropuerto, pero aplicado a materiales a granel, como hierro, minerales, vidrio, productos químicos o incluso alimentación. Trabajamos en muchos sectores, pero nuestro principal foco es la fundición, donde tenemos el mayor know-how. Ahí competimos con los grandes fabricantes mundiales, principalmente empresas americanas y una alemana, y lo hacemos con muy buen posicionamiento. Aproximadamente el 70% de nuestro mercado está en fundiciones, tanto férricas como no férricas, sobre todo en Europa y América, con especial peso de México y Estados Unidos.
Con el contexto actual entre Europa y Estados Unidos, ¿perciben tensiones en su día a día empresarial?
De momento no. La acogida ha sido muy buena y la relación con nuestro socio local es excelente. Además, operamos allí como empresa americana, lo que facilita mucho las cosas. Para nosotros era clave estar físicamente en Estados Unidos porque lo primero que te preguntan es si tienes servicio técnico local. Nuestros clientes trabajan 24 horas al día, 365 días al año. Una parada de producción puede ser crítica para compañías como Caterpillar, Nissan, Renault o Stellantis. Por eso nuestros diseños están basados en la fiabilidad, y tener presencia local era imprescindible.
Mirando al corto y medio plazo, ¿cuáles son los próximos retos?
Nuestro foco principal ahora mismo es Estados Unidos. Es un mercado enorme, con fundición, minería, reciclaje… y muchas oportunidades. Acabamos de empezar allí y sabemos que llevará tiempo. Seguimos cuidando mercados consolidados como México, otros países de Latinoamérica y Europa —Alemania, Francia, Turquía—, pero el gran objetivo es crecer en Estados Unidos. Es un mercado menos atomizado que Europa y con menos competidores de alto nivel en determinadas regiones, especialmente en el Midwest.
Y todo esto desde Errenteria… ¡Quién se lo iba a decir al empezar, ¿no?!
Desde luego. Emprender exige entusiasmo, mucho trabajo y mucho sacrificio. Se pasa mal en muchos momentos, se sufre, se llora… pero también se aprende y se crece. En mi caso he tenido mucha ayuda, tanto del equipo como de mi familia, que ha sido fundamental en los momentos más duros.