Oncomatryx impulsa desde Euskadi una nueva generación de terapias de precisión contra el cáncer metastásico
La biotecnológica vasca Oncomatryx, fundada en el año 2000, se ha consolidado como una de las compañías europeas de referencia en el desarrollo de terapias innovadoras contra tumores sólidos metastásicos. Recientemente ha recibido 12 millones de euros de financiación de la Unión Europea a través del programa EIC Accelerator para avanzar en un ensayo clínico basado en un fármaco íntegramente desarrollado en Euskadi. Además, ha sido reconocida entre cerca de 1.800 empresas en la IX edición del Premio Nacional Pyme del Año, en la categoría de Innovación. Pedro Esnaola, consejero de la compañía, explica para ‘Made in Basque Country’ los avances científicos de la firma vasca, el potencial de los anticuerpos conjugados y los retos regulatorios y financieros que implica el desarrollo de nuevos fármacos oncológicos.
Han sido reconocidos recientemente por su trabajo en tratamientos innovadores contra tumores sólidos. ¿Qué caracteriza a este tipo de cánceres?
Los tumores sólidos, como los de páncreas, colon, pulmón o peritoneo, son especialmente complejos cuando alcanzan fases metastásicas. En muchos casos, las opciones terapéuticas disponibles son limitadas, especialmente cuando la metástasis afecta a órganos como el hígado. Nuestro trabajo se centra precisamente en desarrollar fármacos dirigidos a este tipo de patologías donde las alternativas actuales no resultan eficaces.
Están especializados en medicamentos de precisión. ¿En qué consiste exactamente su enfoque terapéutico?
Hace más de 25 años identificamos un elemento clave: los tumores sólidos no actúan de forma aislada, sino que “reprograman” el entorno que los rodea para favorecer su supervivencia. Generan una doble barrera: una física, que dificulta la llegada de tratamientos como la quimioterapia o la inmunoterapia, y otra química, que provoca inmunosupresión e impide que el sistema inmunitario reconozca el tumor como una amenaza. Nuestro enfoque consiste en actuar sobre ese entorno tumoral para eliminar ambas barreras. De este modo, facilitamos que los tratamientos existentes puedan acceder al tumor y que el sistema inmunitario vuelva a identificarlo y combatirlo.
Además, desarrollan lo que se conoce como ADCs. ¿Podría explicar en qué consisten?
Un ADC (Antibody Drug Conjugate) es un anticuerpo monoclonal al que se le une una molécula quimioterápica de alta potencia. El anticuerpo actúa como un vehículo altamente específico que reconoce una diana concreta del tumor. Esto permite dirigir la carga terapéutica de forma precisa al tejido tumoral. La ventaja es doble: por un lado, se incrementa significativamente la eficacia; por otro, se reducen los efectos adversos sistémicos. La quimioterapia que utilizamos sería demasiado tóxica si se administrara de manera convencional, pero al ir “dirigida” mediante el anticuerpo, actúa únicamente en el objetivo deseado.
¿Todo este desarrollo tecnológico se realiza desde Euskadi?
Sí. Nuestra actividad se desarrolla principalmente en nuestras sedes de Zamudio y Miramón. En el marco del programa EIC Accelerator, al que concurrieron más de 3.000 empresas europeas y del que solo 40 resultaron seleccionadas, fuimos la única empresa europea del ámbito oncológico elegida en esa convocatoria concreta. Actualmente, somos una de las muy pocas plataformas tecnológicas en Europa capaces de desarrollar ADCs de forma integral. Hoy el liderazgo mundial en este campo se sitúa en China, tanto en desarrollo como en fabricación, y Europa necesita reforzar su autonomía estratégica en este ámbito. En ese contexto, nuestra capacidad tecnológica nos posiciona como un actor relevante.
El desarrollo de nuevos fármacos exige importantes recursos. ¿Cuáles son los principales retos?
El primero es la inversión. Llevar un fármaco a ensayo clínico en humanos requiere en torno a 20 millones de euros y aproximadamente cuatro años de trabajo por cada candidato. Contamos con un apoyo sólido por parte del Gobierno Vasco (Grupo SPRI), del Gobierno de España y de la Unión Europea, lo cual resulta fundamental. Una vez iniciados los ensayos clínicos, los tiempos están marcados por estrictos protocolos regulatorios. Son procesos exigentes y necesariamente garantistas, supervisados por organismos como la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios o la FDA en Estados Unidos. Aunque puedan parecer largos, son imprescindibles para garantizar la seguridad de los pacientes.
¿Qué mensaje trasladaría a los pacientes que esperan avances rápidos en este ámbito?
Les trasladaría un mensaje de compromiso y esperanza realista. Existen numerosas compañías biotecnológicas trabajando intensamente para ofrecer soluciones innovadoras. En nuestro caso, los anticuerpos conjugados representan una de las líneas más prometedoras de la oncología moderna. Se trata de terapias altamente potentes y, al mismo tiempo, más selectivas, lo que permite no solo prolongar la supervivencia, sino hacerlo preservando la calidad de vida. Hemos visto pacientes que, tras iniciar tratamiento en ensayo clínico, han podido retomar actividades cotidianas que habían abandonado. Ese impacto tangible es lo que da sentido a nuestro trabajo.
Para ir concluyendo, una curiosidad. ¿La Y de Oncomatryx responde a algo…?
Oncomatryx proviene de la unión de oncología y matriz extracelular (por su nombre en inglés, extracellular matrix), haciendo juego con la letra “Y” final que simboliza la estructura típica de los anticuerpos, que constituyen el corazón del arsenal terapéutico de nuestra empresa…