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15 de mayo de 2017


La empresa vasca desarrolla proyectos de fabricación aditiva en algunas de las principales empresas del Estado

 

La impresión 3D es una de las tecnologías que está llamada a revolucionar diferentes aspectos de nuestra sociedad. Por norma general, cuando la aplicamos a los procesos productivos o a la Industria 4.0 su denominación pasa a convertirse en fabricación aditiva, quizás para distinguirse de otros usos “menos profesionales” que se realizan de ella. Más allá de los términos, las tecnologías y los materiales que se emplean son los mismos.

 

El ‘efecto wow’ que se generó hace unos años en relación a la fabricación aditiva se ha ido normalizando. Hubo quien vaticinó que en pocos años todos tendríamos en casa una impresora 3D y la realidad es, hoy en día, bien distinta. Las diferentes tecnologías de impresión siguen avanzando y, de forma paralela, están bajando los costes de las máquinas y los materiales, pero aún son muchos los usuarios y las empresas que no terminan de ver su potencial o sus posibles usos.

 

Tumaker fue la primera ‘startup’ vasca que apostó por la fabricación de sus propias impresoras 3D bautizadas como ‘voladoras’. Desde su puesta en marcha en 2014 ha ido duplicando su facturación año a año. Para este 2017 sus estimaciones son de una facturación de un millón de euros. No solo prevén el crecimiento en ventas sino también de la plantilla, que esperan doblar durante este ejercicio, pasando de los 12 trabajadores actuales a más de una veintena. La impresión 3D o la fabricación aditiva está en auge y los nichos y las posibilidades de negocio se incrementan día a día, especialmente en todo lo que tiene que ver con la Industria 4.0.

 

Voladora Vs BigFoot

Uno de los hitos de esta compañía ha sido el lanzamiento de una impresora 3D capaz de fabricar piezas de hasta medio metro de alto por medio metro de ancho. Se trata de las BigFoot, disponibles en tres tamaños (50, 87,5 y 125 litros de capacidad). Además del tamaño de las piezas y la capacidad, otra de las características de las BigFoot es que están dotadas de la tecnología Japonesa THK en sus cabezales, lo que les permite gran cantidad de horas de uso sin necesidad de mantenimiento. Con todo, el elemento diferenciador de estas máquinas, que ha llevado a Tumaker a posiciones de privilegio en el mercado, es su conectividad a Internet, que le permite la fabricación de objetos de forma remota desde cualquier parte del mundo. Jon Bengoetxea, CEO de Tumaker, recalca este aspecto: “Hemos conseguido que la BigFoot sea la impresora de gran formato más vendida en España. Empresas como Bosch, Mercedes-Benz, Volkswagen o CAF la están utilizando. Hemos sacado al mercado una máquina de un tamaño adecuado y con capacidad de uso de ciertos materiales que ha conseguido entrar en diferentes ámbitos de producción. La hemos validado en el mercado y su conectividad la ha convertido en una referencia de la Industria 4.0. Gracias a ella, podemos trabajar la fabricación deslocalizada ya que se puede usar desde cualquier lugar del planeta gracias a Internet. Esto es un cambio sustancial. Aparte del ‘hardware’ y que sea fiable y robusta, también hemos trabajado duro en el ‘software’ para convertir Internet en una fábrica”.

 

En la actualidad, las impresoras de Tumaker se emplean en diferentes ámbitos del sector productivo. “Históricamente la impresión 3D se ha usado para el prototipado rápido. Con los métodos tradicionales se tardaba más y resultaba más caro hacer prototipos. Lo que antes podía tardar meses, ahora, gracias a la fabricación aditiva, lo puedes conseguir en pocas horas. Pero más allá del prototipado, hemos conseguido llevar la impresión 3D allí donde nadie lo esperaba. Por ejemplo, El Pozo, la empresa cárnica más grande de Europa, utiliza Tumaker para fabricar engranajes que se emplean en el mantenimiento de sus máquinas. Antes tenían que hacerlos a medida, con el tiempo que ello conlleva, y ahora lo pueden hacer casi en tiempo real. Otras compañías realizan moldes de termoconformado. Hasta hace poco creaban estos moldes con madera. Ahora, gracias a Tumaker, han conseguido ahorrar hasta el 96 por ciento de los costes y, lo que antes tardaban en hacer unas semanas, ahora tan solo les lleva unas horas. También estamos posicionados en el utillaje para el sector de la automoción. Estamos llenando de impresión 3D sitios que nadie se había planteado”, recalca Bengoetxea.

 

En apenas tres años, las impresoras de Tumaker están presentes, según aseguran desde la compañía de Oiartzun, en ocho de las diez empresas más importantes de Euskadi. También tienen una gran presencia en el ámbito educativo vasco como los “centros de Formación profesional o las universidades de Deusto, Mondragón o la UPV”. “Fuera de Euskadi también  comercializamos impresoras en regiones como Murcia, Levante, Catalunya, Madrid y toda la zona norte en general. En algunos de estos sitios trabajamos con ‘partners’ que nos ayudan a dar a conocer a Tumaker. La verdad es que mucha gente se ha acercado a nosotros para comprar o alquilar impresoras, pero estamos siendo muy selectivos. Intentamos que la experiencia del cliente sea buena y si no vemos buenas soluciones para él preferimos no seguir adelante”, explica el responsable de Tumaker.

 

Impresión en metal

Más allá de las impresoras y sus prestaciones, desde Tumaker siempre se han querido diferenciar por dar un servicio personalizado a los compradores y proporcionar su experiencia en fabricación aditiva para ofrecer las soluciones más adecuadas en función de las necesidades. “Las impresoras 3D pueden realizar piezas en casi cualquier material. Desde polímeros, composites, metal, arcilla, cristal…pero a nosotros nos gusta diferenciar entre materiales técnicos y no técnicos. Un bioplástico como el PLA es un estándar y se usa mucho porque da pocos problemas. Pero hay empresas que pueden necesitar un material que aguante el impacto de objetos o el rozamiento, que soporte bien altas temperaturas o que no se deteriore al estar a la intemperie. En estos casos utilizamos materiales más técnicos pensados para resolver esos problemas. Pero hay que conocer bien cuáles son sus cualidades. Por ejemplo, un nylon o una poliamida soporta bien altas temperaturas o golpes, pero si fabricamos una pieza grande el nylon tiende a contraerse y eso puede ser un problema. Cada material tiene sus limitaciones. Nuestra aportación es explicar a nuestros clientes las capacidades de cada material para que redunde en la productividad de la empresa. Primero preguntamos qué tipo de objeto se quiere hacer y para qué y luego aportamos consejos y soluciones. Eso es algo que las compañías valoran”, detalla el CEO de Tumaker. “En las empresas donde montamos las impresoras celebramos sesiones para que los distintos departamentos compartan necesidades y muchas veces surgen nuevos usos de las máquinas para otros ámbitos. En ocasiones, en vez de comprar una impresora terminan adquiriendo cuatro o cinco”, confiesa Bengoetxea.

 

La Industria 4.0 y en especial sectores como la automoción y la aeronáutica demandan cada vez más soluciones de fabricación aditiva en metal. En los últimos meses Tumaker ha estado experimentando con nuevos materiales de impresión como las nanofibras, junto al CIC NanoGUNE, o arcillas que posteriormente se hornean, en este caso con la UPV. Bengoetxea reconoce que también tienen la mirada puesta en el metal, aunque con ciertas limitaciones: “Estamos poniendo las bases para tener tecnología para fabricar con metal. Estamos moviendo ficha en este sentido y estamos desarrollando nuestra propia tecnología porque creemos que la impresión 3D de piezas de metal va a ser la siguiente gran revolución. Ya hay máquinas que son capaces de imprimir en metal, pero estamos sufriendo las fases de comienzo de cualquier tecnología que hace que los costes sean demasiado elevados. Desde un principio en Tumaker decidimos que queríamos llevar la fabricación aditiva a todas partes, pero de una manera accesible para las pymes y las empresas. Que las máquinas sean asequibles económicamente, que sean de calidad y que sean de un uso sencillo. Estamos trabajando en esos aspectos y, cuando los tengamos, lo sacaremos al mercado, pero no antes”.

 

La ‘startup’ vasca se siente muy vinculada al concepto de Fabricación Avanzada ya que la querencia por la tecnología y la innovación es algo que llevan en el ADN. No obstante, el ‘boom’ del concepto de Industria 4.0 y la multiplicación de empresas que ofrecen servicios de este tipo es algo que preocupa a algunos emprendedores como Jon Bengoetxea: “En los últimos meses parece que todas las empresas hacen cosas relacionadas con la Industria 4.0 y eso puede ser un problema para las compañías que demandan este tipo de servicios y que pueden tener dificultades para distinguir las verdaderas propuestas de valor. Está en manos de emprendedores y empresarios el que se materialicen propuestas de valor y que sea el mercado quien las valide”.

 

Todo parece indicar que en las próximas fechas se va a hablar mucho de Tumaker. Los futuros retos de esta compañía pasan por seguir mejorando su ‘hardware’ y ‘software’, investigar nuevos materiales y lanzarse a un proceso de internacionalización con la vista puesta en mercados como el alemán o el francés. No obstante, gran parte de su trabajo seguirá pasando por intentar seguir convenciendo a las empresas de la conveniencia de utilizar la fabricación aditiva en sus procesos de prototipado o producción y, a la vez, localizar nuevos nichos de negocio para una tecnología que aún tiene mucho que decir. “Tumaker todavía no es lo que va a ser. Estamos creando mercado de un tema bastante difícil de vender como es la impresión 3D, porque las empresas no se compran las cosas porque sí. Les tienes que demostrar que eso que van a comprar les va a ser útil y productivo. Y en ese reto seguiremos trabajando”, avanza Jon Bengoetxea.