Los límites de la economía colaborativa

14 marzo, 2017

El estudio analiza las claves de estas formas de interacción.

Un informe de Adigital define los diferentes modelos en torno a este fenómeno digital.

 

En 2008 se empezó a hablar del concepto “economía colaborativa”, respondiendo a la aparición de las primeras plataformas online donde particulares empezaban a intercambiar bienes o servicios, eliminando intermediarios. Nueve años después, bajo esa etiqueta han proliferado miles de iniciativas y startups, extendiendo esa idea a infinidad de sectores, desde el turismo a la gastronomía, el transporte, las finanzas, la educación o el mundo inmobiliario, por nombrar solo algunos.

 

El auge de la economía colaborativa ha hecho también que entren en ese concepto todo tipo de modelos, desde proyectos entre particulares sin ánimo de lucro a plataformas B2C, C2B, B2B,… Generando en ocasiones negocios valorados en miles de millones de euros. Con la intención de establecer unas bases sobre lo que es y lo que no es la economía colaborativa, la Asociación Española de la Economía Digital Adigital y Sharing España han realizado el informe Los modelos colaborativos y bajo demanda en plataformas digitales. La publicación recoge las diferentes definiciones desde un punto de vista empresarial.

 

Según el estudio, se puede considerar economía colaborativa como las relaciones de oferta y demanda realizadas entre iguales mediante plataformas digitales, que funcionan únicamente como intermediarias, aprovechando un bien o recurso ya existente e infrautilizado. En este marco entrarían empresas tan conocidas como Airbnb y BlaBlaCar, o las plataformas de crowdfunding tipo Verkami o Kickstarter. También, los mercados de compraventa como Wallapop y Etsy, plataformas dedicadas a ofrecer turismo de experiencias – Trip4real- o platos preparados entre particulares, como Eatwith.

 

El informe diferencia este modelo del de la “economía bajo demanda”, donde, aunque la plataforma sigue siendo solo intermediaria, los intercambios de bienes o servicios se realizan habitualmente de profesional a consumidor, adaptándose a las necesidades del usuario. Dentro de esta definición, se situarían empresas como Uber, los servicios de logística P2P o B2C como Koiki o Glovo, y las plataformas que ofrecen microtareas profesionales.

 

Finalmente, existe un tercer modelo, denominado “economía del acceso”, donde la principal diferencia reside en que es la propia plataforma la encargada de ofrecer los servicios, a través de una empresa. El alquiler de plazas de aparcamiento, los servicios de bicicletas compartidas o las compañías de carsharing entrarían en esta definición. De esta forma, el estudio responde a la necesidad de marcar unos principios diferenciadores dentro de este gran ecosistema, aunque, tal y como recoge el propio documento, la rápida aparición de nuevos proyectos hace difícil establecer definiciones fijas.

 

En la redacción del informe, disponible online, han participado responsables de la red OuiShare, la OCU, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, la Fundación Ernst & Young y la consultora de comunicación Kreab.

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