Iñaki Tellechea, director de Promoción Empresarial de SPRI: “Somos caros, pero somos fiables»

28 noviembre, 2017
Iñaki Tellechea, en su despacho del Grupo SPRI.

Iñaki Tellechea,  director de Promoción Empresarial del Grupo SPRI, cree  que «la inversión aquí no tiene que ser oportunista. Quien viene, lo hace para quedarse»

 

No nos engañemos: de entrada, Euskadi tiene mala venta en el exterior. Si alguien le plantea al jefazo de una multinacional una inversión productiva en tierras vascas, lo primero que verá es que el impuesto de Sociedades tiene un tipo del 28%, frente al 25% estatal, los costes laborales están entre los más altos de España, el tren de alta velocidad no llega aquí…

 

No parece una gran tarjeta de presentación…

Y no es sólo eso: los terrenos son pocos y caros, los niveles de PIB nos limitan mucho para dar ayudas a fondo perdido… Con nuestros indicadores, si llegamos a buscar inversiones a puerta fría nos diluimos en el minuto uno. Aquí no viene nadie porque seamos baratos. Somos caros, pero somos fiables.

Iñaki Tellechea, director de Promoción Empresarial de la Agencia Vasca de Desarrollo Empresarial (Spri), conoce muy bien los activos y los pasivos con los que cuenta Euskadi. Qué atrae y qué asusta a los inversores. En términos generales parece que sí seguimos siendo atractivos porque, según reveló esta semana la consejera de Desarrollo Económico, Arantxa Tapia, el programa Invest in the Basque Country ha logrado este año 11 inversiones de firmas internacionales (por importe de 40 millones y con la creación de 383 empleos), y pelea por 38 más.

 

¿Qué tenemos para que, pese a todo, siga llegando inversión de empresas extranjeras?

Vendemos potencial: aquí se van a encontrar una cadena de valor, servicios industriales avanzados, I+D, talento importante porque hay centros de FP que trabajan con formación dual. Además, las empresas no se van a sitios donde no hay nadie, sino a donde hay un entorno potente, un ecosistema. Y en Euskadi está la planta de Mercedes más competitiva fuera de Alemania, empresas tractoras de nivel internacional como Iberdrola, Sener, CAF, ITP… Y vendemos una centralidad en el sur de Europa, bien conectada mediante el Puerto de Bilbao, aeropuertos…

 

Pero el aeropuerto de Loiu no anda muy sobrado de conexiones, y somos una de las únicas regiones españolas sin TAV.

Pese a ello, nuestra logística está entre las mejores de Europa. El aeropuerto de mercancías de Vitoria tiene un atractivo bestial porque que DHL tenga ahí su ‘hub’ te pone cualquier mercancía en casi cualquier destino del mundo en 48 horas. Tenemos una buena red de carreteras, que es por donde se mueven mayoritariamente las mercancías; estamos al lado de Francia; el cable de fibra submarina que viene de EE.UU también será importantísimo, porque la conectividad es fundamental.

 

¿Todo eso compensa que no tengamos ni el aeropuerto de Barajas ni el de El Prat?

Cada proyecto es un mundo. Hay veces que nos penaliza no tener una conexión aérea directa, por ejemplo, con Lyon, que sí tienen Madrid y Barcelona. Pero no siempre es así. Por ejemplo, hay casos de empresas que están hasta el gorro de formar a gente en Madrid y Barcelona y que se les vaya en pocos meses a la competencia, porque allí hay mucha rotación. En Euskadi el nivel de rotación es menor, y eso para ciertas compañías es atractivo porque la gente va a ser más fiel a la empresa.

 

¿Qué tipo de empresas vienen a Euskadi?

Estamos muy focalizados en servicios avanzados y en industria con intensidad tecnológica media-alta. Por ejemplo, empresas como una biofarmacéutica que se ha implantado recientemente en San Sebastián que valoró estar en un parque tecnológico como el de Miramón, en un entorno con hospitales de referencia, con el CIC Nanogune, la red vasca de tecnología, una residencia para científicos… Cada caso es diferente, y cada empresa busca un conjunto de cosas diferentes. En una ocasión fue determinante hasta conseguir clases de español para los hijos de un directivo… También ayuda, claro, tener una ciudad agradable.

 

Sándwich o besugo

¿Eso tira? ¿Es un atractivo la gastronomía y la calidad de vida?

No es eso. Ir por el mundo con un queso Idiazabal y una botella de txakoli ha pasado a mejor vida. Eso está muy bien para cuando la gente ya vive aquí. Pero quienes vienen a negociar una implantación, a ver el terreno, ya no se van a comer un besugo; se comen un sándwich y vuelven al aeropuerto.

 

¿Cómo llegan ustedes a una multinacional para convencerla de que se implante en Euskadi?

La vía principal es el tejido industrial vasco, porque nuestras empresas son nuestro principal activo. Firmas que están trabajando fuera y conocen a un proveedor o un cliente que puede tener interés por venir.

También están las oficinas de Spri, sobre todo las de Alemania, Reino Unido y EE UU, donde estamos moviendo contactos. Y, además, trabajamos con consultoras y abogados que asesoran a empresas.

 

¿Qué hacen para animarles a que vengan, además de mostrarles las potencialidades de Euskadi?

Funcionamos como una ventanilla única. Lo que pretendemos es que las empresas no tengan que ir departamento por departamento, administración por administración, pidiendo información o realizando gestiones. Vamos con ellas de la mano. Y cada caso es diferente. Nos ponemos en contacto con el clúster de turno, porque es el que sabe de cada negocio. Si necesita terrenos, llamamos a Sprilur; si el transporte marítimo es importante para ellas, nos ponemos en contacto con la gente del puerto; si necesitan ayudas para I+D, vamos a las diputaciones y al Gobierno vasco… Se trata de dar un servicio a medida y rápido.

 

La inversión extranjera, a menudo, es de firmas ya implantadas.

El 90% de las inversiones son de empresas ya establecidas. Por eso es muy importante el ‘aftercare’, es decir, ir a las compañías que ya están aquí y preguntarles cómo les va, qué necesitan… Darles cariño. Se trata de afianzar la inversión extranjera porque, muy a menudo, las plantas que hay aquí no compiten con otros fabricantes, sino con otras plantas de la misma multinacional que están en otros lugares.

 

¿No es raro buscar inversiones en el extranjero e ignorar a Cataluña? ¿Cómo es que de las más de 2.000 firmas que se han llevado su sede, sólo una ha venido aquí?

Nosotros queremos inversiones productivas que creen empleo, no cambios de sede social. En Cataluña no hemos sido proactivos porque no creemos que sea nuestro papel. La inversión aquí no tiene que ser oportunista, sino de nicho. Quien viene lo hace para quedarse.

 

 

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