Trabajar sin despachos ni fichajes

30 junio, 2015

Una jornada del Grupo SPRI sobre la participación de los trabajadores en la gestión empresarial revela los cambios drásticos en algunas compañías. La ingeniería Ingemat modificó su modelo hace siete años. “Todos sabemos cuándo son las reuniones y para qué. Nadie se queda en la oficina para que el jefe le vea”. El consultor Oscar Valdivieso dice que los beneficios son cuantificables: “Las empresas con participación de los trabajadores tienen crecimientos de contratación de 25%, un 2% de más de ventas, salarios un 5% superiores”.

“Eliminamos los despachos y los convertimos en salas de reuniones, se quitó el reloj de fichar. Nadie se queda a que el jefe le vea”, ha expuesto gráficamente Jorge Darpont, director corporativo de Ingemat, una ingeniería ubicada en el Parque Tecnológico y Científico de Bizkaia que trabaja para todas las multinacionales de automoción. Darpont ha explicado el caso de transformación de su empresa con la participación de los trabajadores en la gestión en la jornada “Personas para las empresas y empresas para las personas”, organizada por el Grupo SPRI, la agencia vasca de desarrollo empresarial dependiente del Departamento de Desarrollo Económico y Competitividad.

La jornada se ha celebrado tras la puesta en marcha del nuevo programa del Gobierno vasco Innobideak Pertsonak, que busca la participación de los trabajadores en las organizaciones empresariales.

El ejecutivo de Ingemat ha expuesto que su empresa, con 80 empleados y con ventas en 20 países, tiene todos los días “a más de 40 personas durmiendo fuera de sus casas, con lo que o la gente está comprometida o es una empresa indirigible”. Ha explicado que hace ocho años decidieron implantar un giro drástico en la organización. “Cambiamos todos de puesto salvo la directora financiera e hicimos una gestión por equipos”. El equipo directivo tenía a diferentes miembros en cada reunión y todo lo que se hacía en la empresa era conocido por los trabajadores. “Fijamos cuatro niveles salariales y una retribución variable”.

Darpont ha asegurado que en Euskadi es imposible la competitividad por costes, por lo que solo queda recurrir al talento de las organizaciones. “Y hay que contar la verdad de la empresa, lo que guste y no guste. En Ingemat todo el mundo sabe cuándo son las reuniones y para qué y las actas son públicas: todo el mundo puede leerlas. Tenemos un taller sin jefe de taller desde hace 8 años. Nadie se queda en la oficina para que el jefe le vea. Nos sentamos con la gente para ver el desarrollo profesional pero sin poner notas, sin examinar”.

Ha admitido, que tras los cambios acometidos entre 2008 y 2009, se han realizado algunos ajustes. “Hemos vuelto a la idea de un jefe de proyecto, que  no haya reparto indiscriminado del beneficio y una definición de responsabilidades por puesto, ya que tanta libertad había provocado incomodidad entre los trabajadores”. Darpont ha matizado que, sin embargo, los modelos de participación no son extrapolables en su totalidad. “No hay una receta para todos. Y hay que dejar claro que todo esto no es para llevarnos bien dentro de la empresa sino para ganar más dinero”. “No es un camino de rosas”

En la jornada, el consultor Oscar Valdivielso, de B+I, ha puesto el ejemplo del empresario guipuzcoano Miguel Lazpiur, quien en el recientemente editado libro “Lazpiur, el modelo de una pyme ejemplar”, “comentaba que su padre, cuando fichaban a alguien  para la empresa, el primer día ya ascendía de trabajador a persona. Es lo que me ha recordado el título de esta jornada”.

Valdivielso ha apuntado que la apuesta por la participación en la gestión empresarial “no es un camino de rosas. Los japoneses dicen que cambiar  una empresa requiere entre 10 y 20 años. Son procesos complejos, de largo recorrido”. Pero ha señalado que existen beneficios cuantificables desde evitar deslocalizaciones y asegurar la sucesión empresarial hasta una mayor competitividad, retención de talento y mejor clima laboral. “Las empresas con participación de los trabajadores tienen crecimientos de contratación de 25%, un 2% de más de ventas, salarios un 5% superiores”.

Ha asegurado que la valoración de las personas no pasa por ser una cooperativa. “Cualquier empresa puede tener un modelo participativo pero debe tenerlo claro. Es un viaje complicado, con muchas barreras y errores en el camino, y hace falta ese convencimiento. Y hace falta también confianza y respeto a todas las personas, transparencia y veracidad informativa y, esto es importante, un modelo de participación propio y único. Cuidado con esto de entrar por las modas”.

Ha puesto el ejemplo de un cliente actual, una consultora, que hace ocho años decidió cambiar su modelo. “Tenían 8 empleados y ahora tiene 30. El cambio fue que decidieron aceptar proyectos cerca de su lugar para conciliar.  Llevan 8 años de recorrido con una empresa competitiva y solvente y tienen claro que la participación de las personas es vital”.

 

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