Denis Ugalde: ‘Oreka’ es un proyecto emprendedor con una clara vocación social y ambiental

1 diciembre, 2017

Se formó en Derecho con la predisposición de “intentar contribuir a mejorar las cosas” pero, pronto se dio cuenta de que su sitio se encontraba en la vía emprendedora. Viajó, vio mundo y experimentó en primera persona sus enormes desigualdades: “Cuando ves que en lugares donde no están cubiertas las necesidades básicas, tienen acceso a coca-cola pero no a comida, te das cuenta de que ciertos problemas existen por falta de organización y no de recursos…”

Ahora, Denis Ugalde pone en marcha su proyecto ‘Oreka’, con el que quiere aportar respuestas eficientes y eficaces al desafortunado despilfarro alimentario.

 

Denis, ¿por qué se desaprovechan cada día enormes cantidades de alimentos? Este desperdicio es un asunto muy en boca de todos, ¿cómo ves el panorama actual?           

Es sin duda un tema complejo…

Estamos en un punto en el que producimos tanta comida que, por un lado, podemos ver como anualmente, sólo en el estado español, casi ocho millones de toneladas en perfecto estado acaban en la basura, pero hay gente que tiene dificultades de acceder a ella. Esto deja sentimientos encontrados.

Esto sucede por dos razones principales: por un lado, el sector no goza de las estructuras y medios necesarios para actuar en respuesta, y, por otro, porque la ley le expone a una responsabilidad, la cual frena cualquier iniciativa propia.

En base a este contexto he conformado ‘Oreka’, con la idea de externalizar el proceso de donación de excedentes alimentarios liberando de la carga operativa que ello implica.

En este sentido, nos encontramos en un momento idóneo para actuar. El marco legislativo prevé flexibilizarse y favorecer este tipo de iniciativas y el escenario social lo demanda.

 

Redistribuir esos alimentos es por tanto lo razonable, pero ¿cómo te propones hacerlo? 

Lo que hace Oreka, es coordinar la relación entre agentes donantes de alimentos, principalmente las empresas de restauración colectiva, y las entidades receptoras de los mismos, es decir, los bancos de alimentos. Se trata de establecer un sistema en el que recuperar esos alimentos que potencialmente acabarán en la basura y entregarlos donde son necesarios.

Suena sencillo, pero es un proyecto sensible, en el que la legislación y la seguridad alimentaria toman un papel fundamental.

 

¿Qué ventajas tiene tu propuesta, tanto para las personas donantes como para las receptoras?

La idea es desarrollar una propuesta en la que todos los agentes salieran realmente beneficiados. Y no sólo moralmente por actuar en beneficio de la sociedad, porque seamos realistas; en el mundo empresarial, los números son importantes.

Así que por un lado tenemos a las empresas, que gracias a Oreka y a la recuperación de esos excedentes alimentarios, podrán desgravarse un 35% del valor de esos alimentos, lo que a final de año acaba suponiendo cantidades importantes de dinero.

Y por otra parte tenemos a los bancos de alimentos, que realizan una labor excepcional en el campo de la transformación social, a los cuales queremos apoyar complementando su labor facilitándoles alimentos de manera regular.

 

También existen otros beneficios directos e indirectos muy importantes…

Exacto. El proyecto va más allá de prometer grandes ahorros a las empresas. Tiene una clara vocación social y ambiental.

Oreka nos permite ayudar directamente a nuestra sociedad más sensible, a los más necesitados, y es que en los tiempos que corren, las cifras de la gente que necesita ayuda social para vivir son abrumadoras. Sólo en el País Vasco, cerca de medio millón de personas viven en riesgo de pobreza y exclusión.

Y también debemos tener en cuenta los factores ambientales. Cuando tiramos comida no reparamos en los efectos que esto tiene sobre el medio ambiente, pero si digo que para producir un kilo de carne de vacuno se emplean más de 15.000 litros de agua, o que el desperdicio de alimentos supone casi el 10% de los gases de efecto invernadero, son datos que impresionan.

 

Europa es un gran derrochador de alimentos. Su desperdicio es sin duda un problema global. Seguro que hay otros proyectos en marcha que consideras buenas prácticas y te sirven como referente e inspiración…

Efectivamente, cuando me puse a trabajar para buscar una solución al problema del desperdicio alimentario, lo primero que hice fue buscar iniciativas que lo estuvieran combatiendo.

Fue una sorpresa encontrar que había empresas en el extranjero que lo estaban logrando con modelos de negocio que las hacían sostenibles, rentables y escalables.

Una de las primeras compañías con las que me puse en contacto fue ‘Copia’, una empresa californiana con un modelo de negocio muy similar al que quiero implantar con Oreka en el País Vasco. También encontré a ‘Phenix’, una multinacional francesa, que abarca la recuperación tanto de alimentos como productos de distinta índole.

Como comentaba anteriormente, es un proyecto muy ligado a la realidad social y a la legislación, por lo que intenté aprender al máximo de todas esas empresas que me inspiraron y adaptarlo a nuestro país.

 

Sin duda, se trata de un proyecto emprendedor con clara vocación social. ¿Cómo surge tu inquietud por ello?           

Yo creo que la vocación social la traigo un poco de siempre. Estudié Derecho, y si te soy sincero, lo hice con esa predisposición de intentar contribuir a mejorar las cosas. Sin embargo, pronto me di cuenta de que mi sitio se encontraba en la vía emprendedora y, tras vivir en el extranjero, volví con la idea de formarme para acometer mis propios proyectos, por lo que estudié un MBA.

De hecho, todo el movimiento en torno al desperdicio de alimentos surgió justo antes de empezarlo: Durante ese año que viví fuera, viajé por muchos países y el último de ellos fue Kenia. Estuve un mes y medio allí, tiempo que aproveché para colaborar en distintas asociaciones de desarrollo local.

Cuando ves que en lugares donde no están cubiertas las necesidades básicas, tienen acceso a coca-cola pero no a comida, te das cuenta de que ciertos problemas existen por falta de organización y no de recursos.

Al volver a Euskadi me di de bruces con el tema del despilfarro alimentario y me dije: “Aquí hay que hacer algo.”

 

Para llevar adelante la iniciativa, necesitarás de apoyos finanieros, acompañamiento técnico, visibilización…

Así es, como decía antes, el modelo de Oreka consiste en establecer una empresa rentable y escalable, con un fuerte impacto social y ambiental. Y es que entiendo que ese es el camino, que debemos potenciar la acción social sostenible, viable y autosuficiente en la medida de lo posible.

En estos momentos, ya cuento con el acompañamiento técnico necesario para su puesta en marcha de la mano de ‘Nutrición sin Fronteras’, una ONG pionera en la redistribución de excedentes alimentarios. Y por otro lado, la plataforma de Bizkaia.network me está ofreciendo grandes oportunidades de visibilización, participando en distintas iniciativas y poniéndome en contacto con distintos agentes, en definitiva, lanzándome al medio del ecosistema emprendedor de Euskadi.

En cuanto a los apoyos financieros y gracias también a ellos, me encuentro en el proceso de un programa de Capital Riesgo Social, promovido por Grupo Urbegi y Fundación BBK, llamado Mundualdatu.

Del mismo modo, mientras el proceso se resuelve, me mantengo en la búsqueda de otras fuentes de financiación. Creo que lo más importante es mantenerse activo y buscar todas las vías posibles para que el proyecto salga adelante.