Viviendas colaborativas para mayores, una nueva forma de entender los cuidados

jueves, 08 de septiembre de 2016

Portada de la publicación Arquitecturas del Cuidado.
Arquitecturas del Cuidado.

Emakunde ha presentado la investigación “Arquitecturas del cuidado”.

 

En países como Suecia, Dinamarca y Alemania, hace ya años que están en funcionamiento viviendas colaborativas para personas mayores, un modelo donde los habitantes se organizan de manera autónoma para compartir espacio, apoyo mutuo y cuidados profesionales. Las investigadoras Ana Fernández Cubero e Irati Mogollón García han realizado un análisis de estos modelos, en la medida en que suponen una mirada innovadora al reto del envejecimiento, estudiando también las iniciativas que empiezan a surgir en Euskadi.

 

El estudio, Arquitecturas del cuidado. Viviendas colaborativas para personas mayores, un acercamiento al contexto vasco y a las realidades europeas, parte de la imagen generalizada del envejecimiento, y su pesado estigma social, para buscar alternativas que respondan a las necesidades reales de las personas mayores. La investigación se ha realizado desde la perspectiva de la economía feminista: “los cuidados son una asignatura pendiente de la economía monetaria, cuando se monetizan pierden su dimensión afectiva, y cuando no, se ocultan e invisibilizan dentro de la familia. Hay que trascender estas divisiones y visibilizar los cuidados para darnos cuenta de lo importantes que son”, afirma Ana Fernández.

 

Viviendas colaborativas de Dunderbacken.

Dunderbacken, Estocolmo.

 

Tal y como recoge el estudio, las viviendas colaborativas para mayores aportan una nueva visión en la medida en que permiten a las personas mantener un equilibrio entre su autonomía y el acceso a los cuidados que necesitan. Otros factores positivos destacados por las personas que viven en estos espacios son la sociabilidad y la capacidad para seguir siendo útiles. “Quieren seguir aportando a la sociedad desde un lugar diferente donde se les reconozcan sus capacidades”, explica la investigadora.

 

“Arquitecturas del Cuidado” ha analizado también cuatro proyectos en el contexto vasco, Egunsentia en Bilbao, Housekide en Donostia, Ixileku en Vitoria-Gasteiz y Mendikoartea en Navarra. Todos están aún en estadios muy incipientes, pero existe un interés creciente por este tipo de viviendas, puesto que muchas personas mayores lo ven como una alternativa más apetecible que dejar todo el peso de los cuidados a sus familias o ingresar en una residencia geriátrica. Aún así, según las investigadoras, existen todavía barreras tanto económicas –el precio de las viviendas-, como culturales.

 

Viviendas colaborativas Fardknappen.

Färdknäppen, Estocolmo.

 

Las conclusiones de la investigación destacan dos aspectos importantes para que este tipo de proyectos funcione. Por un lado el espacio, “una buena distribución espacial facilita que las personas puedan cohabitar sin perder la intimidad de forma brusca, hace que la transición entre espacio íntimo y público sea más natural”, afirma Ana Fernández. Por otro lado, las “infraestructuras blandas”, los acuerdos necesarios para que este tipo de proyectos funcionen. “Se deben crear maneras de tomar decisiones, resolver conflictos y establecer límites de lo que podemos compartir y lo que no”.

 

El estudio, disponible online, es fruto de la beca a trabajos de investigación en Igualdad de Mujeres y Hombres que Emakunde/Instituto Vasco de la Mujer otorga anualmente. Junto a la Facultad de Arquitectura y el Colegio de Arquitectura de Gipuzkoa, las autoras están preparando una exposición itinerante que mostrará los proyectos analizados en la investigación.

Artículos relacionados
También te puede interesar