Tecnologías al servicio de la ciudadanía inteligente

jueves, 16 de julio de 2015

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Smart Citizen Kit.

En los últimos años se han extendido las tecnologías englobadas bajo la etiqueta “smart city”, soluciones que, aplicadas a la ciudad, permiten gestionar de forma más eficiente la movilidad, el consumo energético o los recursos urbanos. Sin embargo, tal y como destaca el director de la agencia de innovación británica Nesta, Geoff Mulgan, el auge de las “ciudades inteligentes” provocó también la expansión de algunas ideas más enfocadas en el potencial tecnológico que en las necesidades reales de la gente, con soluciones costosas y sobredimensionadas. Es por eso que de un tiempo a esta parte, el concepto de ciudad inteligente se está moviendo hacia iniciativas que combinan una nueva generación de tecnologías abiertas y de bajo coste con el poder de la ciudadanía para recopilar y generar conocimiento.

Nesta, con la colaboración del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas e Intel, ha publicado el informe Rethinking smart cities from the ground up, que se basa en ese enfoque de abajo hacia arriba. Tal y como recoge el estudio, el futuro de las ciudades inteligentes no puede basarse solo en soluciones tecnológicas, también debe aprovechar el potencial de la inteligencia colectiva y la capacidad de la ciudadanía para generar conocimiento.

La recopilación de datos y la creación colectiva de mapas es un buen ejemplo de esta tendencia. Gracias al abaratamiento del hardware y los sensores, han surgido equipos low cost como Smart Citizen Kit, que permiten medir datos ambientales y crear mapas a tiempo real sobre la contaminación del entorno. Además, la expansión de los smartphones permite a la ciudadanía recolectar datos útiles y compartirlos con la comunidad, con multitud de ejemplos que van desde las plataformas del tipo FixMyStreet hasta mapas sobre la accesibilidad de los espacios, como Wheelmap.

Las tecnologías digitales permiten también incluir a la ciudadanía en la toma de decisiones públicas, creando espacios online donde recoger sus propuestas. En Reykjavik, por ejemplo, el ayuntamiento habilitó una web donde los habitantes pueden proponer, debatir y votar ideas, y las que reciben más apoyos se trasladan mensualmente al consistorio. Por otro lado, a través de la economía colaborativa, la ciudadanía también se está auto-organizando para gestionar de forma más eficiente los recursos en la ciudad. En este sentido, existen desde plataformas para compartir coche o intercambiar objetos entre vecinos, hasta espacios como Colour+City, que conecta gente con paredes vacías que querría decorar con artistas urbanos.

La publicación elaborada por Nesta recoge también algunas recomendaciones para que las ciudades consigan sacar el máximo partido a estos recursos, que mezclan innovación tecnológica y social. Entre ellas, está la creación de laboratorios de innovación cívicos donde la ciudadanía pueda entender y utilizar estas tecnologías, el uso de datos y plataformas abiertas para fomentar el conocimiento colectivo y el apoyo a las iniciativas ya existentes de monitorización, mapeado y acción colectiva, “invirtiendo en gente inteligente y no solo en tecnología inteligente”.

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