ES | EU


19 de Abril de 2016


El proyecto, desarrollado por un ingeniero vasco, se dirige al sector profesional.

Crear una concha de mejillón comestible, coberturas con iniciales hechas de huevo o figuras personalizadas especialmente para un evento, esas son algunas de las cosas que se pueden construir con el robot de cocina 3D Oskook, aunque las posibilidades son infinitas. El ingeniero vizcaíno Iñaki Muñoz es el impulsor de la idea, un proyecto que consiste en aplicar las tecnologías de impresión 3D a procesos de calor y frío.

“Oskook se basa en combinar las impresoras 3D de alimentos con hornos y congeladores profesionales, de forma que puedes cocer o freír un plato a medida en que se va construyendo”, explica Iñaki Muñoz, “está orientado a cocineros profesionales creativos para utilizarlo en restaurantes, caterings,…”.

Uno de los elementos principales que destaca el creador de Oskook es su “obsesión por la seguridad alimentaria”, puesto que en todo el proceso hay un estricto control para asegurar la calidad de los productos, midiendo la temperatura, la humedad y la composición del aire dentro del robot. “Hemos eliminado el oxígeno para evitar la oxidación de los productos, puesto que el proceso de impresión 3D es lento”.

Más que un robot que cocine recetas enteras, la idea es que Oskook sirva para construir complementos y partes de los platos, realizando tareas que serían muy laboriosas o imposibles de realizar de forma manual. “La intención es que sean los propios cocineros quienes den con los usos y recetas, puesto que ellos son los expertos”, afirma Muñoz. Actualmente han desarrollado un prototipo funcional, y su intención es producir 10 unidades para que puedan ser probadas por cocineros profesionales, quienes les ayudarán a afinar el producto desde el punto de vista gastronómico.

Oskook surgió como startup dentro de Berriup, donde durante cuatro meses han evolucionado de la idea a un modelo de negocio concreto gracias al apoyo del equipo de mentores de la incubadora donostiarra.