“Demostramos que la cultura sí tiene un retorno cuantificable tanto económico como social”

jueves, 28 de mayo de 2015

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Alvaro Fierro.

Álvaro Fierro, investigador en Urbegi Product Research, del Grupo Urbegi, que junto a la empresa Kultiba tienen en marcha una línea de investigación dirigida a medir el impacto de la cultura, trasladando a datos el retorno económico y social de las actividades culturales con el objetivo de ponerla en valor. Más allá de los grandes eventos, el equipo está dirigido a identificar el beneficio a largo plazo de invertir en cultura y ocio para ámbitos que van de la generación de empleo al aumento de los índices educativos en el territorio. El 8 de mayo organizaron en Bilbao la II Jornada Cultumetría: medición del impacto de la cultura.

¿Qué es la cultumetría?

Se basa en el análisis de datos. Desde un punto de vista militante con la cultura, ya que nosotros estamos en esto porque nos gusta, vimos interesante establecer una línea de investigación sobre el impacto de la cultura en la sociedad. La idea es, en base a la analítica de datos, estandarizar unos indicadores que cruzamos con el presupuesto que tiene la cultura en la economía territorial, para ver si hay correlaciones positivas con variables sociales. Es decir, si un aumento en el presupuesto de la cultura a lo largo de los años repercute, por ejemplo, en una mayor tasa de educación en los chavales. Eso es la cultumetría. Nosotros trabajamos en el ámbito del turismo, la cultura y el ocio, aunque hemos visto que es extrapolable a otros ámbitos como el emprendimiento.

¿Y qué sacan a la luz estos análisis?

Por nuestra parte sería un poco presuntuoso decir que hacemos algo innovador porque nos basamos en estudios y proyectos que han hecho otras personas. Pero lo interesante es ver de cara al mercado cómo reaccionan los responsables políticos, los técnicos de cultura o quienes están al mando cuando les enseñamos los estudios que realizamos. Un mantra que nos encontramos a menudo es que el dinero que se destina a la cultura no tiene un retorno, que es un gasto. Si hacen un evento y venden entradas, ahí sí ven un retorno, pero lo habitual es pensar que las actividades culturales organizadas en beneficio del pueblo no tienen un retorno. El objetivo es demostrar que sí lo tienen, tanto económico como social.

¿Lo habéis demostrado?

Desde el punto de vista económico, sabemos que se obtienen empleos directos e indirectos de forma clara, como en la hostelería, pero también empleos inducidos. Ese euro que inviertes en cultura, genera un efecto arrastre en la economía porque la persona a quien le das un euro para contratar un servicio, lo utiliza a su vez para contratar otro, y esa tercera, para otro. Puedes estar creando empleo sin que tú te des cuenta gracias a un pequeño proyecto que has hecho en el municipio. Con esto, un técnico o concejal de cultura, la hora de pedir presupuestos, puede tener datos con los que corroborar que efectivamente está haciendo un bien a la sociedad.

¿Y en cuanto al retorno social?

Desde el punto de vista social es más complicado medir qué efecto puede tener. Por retornos sociales entendemos un marco muy amplio de variables, desde parados de larga duración, migrantes, mujeres, índices de delincuencia… A corto plazo es complejo medir qué efectos ha tenido la cultura en estas áreas, pero con un histórico de datos lo suficientemente grande para cruzarlo con otras variables, sí podemos, si no corroborar, sí intuir que gracias a que hay una inversión en cultura, ha disminuido la tasa de delincuencia o han aumentado los índices educativos, mostrando también el coste de oportunidad de no haber invertido en cultura. Un dato que nos parece muy interesante, y que hemos comprobado sobre todo en municipios de más de 20.000 habitantes, es que a lo largo de los años un aumento de la inversión en cultura disminuye la deuda viva del municipio. Esto puede parecer paradójico si se piensa que los presupuestos en cultura son un gasto sin retorno cuantificable, pero lo cierto es que se genera un empleo indirecto e inducido que sirve para que las empresas de tu territorio sigan activas. Son cosas complicadas de ver y que a nosotros nos gusta hacerlas visibles.

Habéis trabajado con el Ayuntamiento de Barakaldo midiendo el impacto de la cultura, ¿cómo ha sido el proceso?

Como sabemos, Barakaldo es una ciudad postindustrial cuya economía se ha centrado a lo largo de los años en la industria pesada, y ahora está girando hacia un nuevo modelo de economía basado en la cultura y los servicios, como ya pasó en Bilbao. Ahora está en proceso de transición y es en este momento cuando es interesante medirlo. Hemos trabajado con el ayuntamiento en un proyecto llamado Tierras de Imaginario, una iniciativa transfronteriza con la ciudad francesa de Tournefeuille. Al medir los resultados, nos hemos dado cuenta que ha sido positivo, tanto en términos económicos como sociales.

¿Cuáles han sido los resultados?

Un dato muy interesante es que la mayor parte del empleo directo e inducido, se ha quedado en el mismo Barakaldo o en la margen izquierda. Por cada puesto de trabajo directo que creó el ayuntamiento, se generaron nueve inducidos. Aunque creo que no hay que quedarse solo en eso. Generar empleo está muy bien, pero no hay que quedarse solo en el enfoque economicista, porque también hay intangibles como el hecho que la sociedad está creciendo y madurando gracias a que hay actividades culturales en tu pueblo, entendiendo la cultura como parte de la sociedad.

¿En qué otros proyectos habéis participado?

Trabajamos en un proyecto ligado a las fiestas de Getxo, donde el ayuntamiento quería medir el impacto de las actividades de tamaño medio que se hacían durante todo el año. En esta cuestión, a veces nos ciegan los estudios de impacto más macro como de BBK Live, Zinemaldia, Aste Nagusia… Pero las actividades regulares tienen un impacto en la sociedad y es interesante medirlo. En Bilbao también pasaba lo mismo con los diferentes barrios, ¿cómo mides el impacto de las fiestas de Olabeaga, por ejemplo? ¿el dinero que se le da a la comisión de fiestas sirve para que se creen actividades culturales y que eso de alguna forma despierte la curiosidad entre la ciudadanía por otras cosas que desconocían? Ahí está el reto, medir cosas más pequeñas donde hay menos información y tienes que pelearte para buscarla.

¿Cuál es la metodología que utilizáis?

Lo importante es definir el marco teórico, qué es lo que quieres medir, porque como sabemos hay una enorme proliferación de datos, pero lo que importa es saber qué quieres medir y por qué. Hay un trabajo de consenso, y después buscamos datos y los convertimos en indicadores, que están respaldados por los organismos correspondientes. Hacemos nuestros propios indicadores pero basados en datos de organismos que se dedican a estandarizarlos y a darlos por buenos. La mayoría de las veces el impacto social lo buscamos en Internet, monitorizando palabras clave en relación a un evento determinado para darle soporte al impacto social que es más cuantitativo, más de números.

¿En qué estáis trabajando ahora?

Nuestra perspectiva es seguir investigando por esta línea, donde queda mucho por hacer. Ahora estamos enfocados también en trabajar con entidades privadas, interesadas en medir el impacto económico que producen para ver si están generando un bien a nivel económico y social, de cara a visibilizarlo.

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